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POLIOMIELITIS
 

La poliomielitis es una enfermedad muy contagiosa causada por tres tipos de poliovirus. El poliovirus es un virus reconocido principalmente por destruir el sistema nervioso causando parálisis. Sin embargo, la mayoría de personas infectadas con polio, no tienen síntomas y algunas tienen síntomas leves. De todas las personas que tienen la infección, el 2 por ciento o menos pueden desarrollar una enfermedad paralítica. Desde la llegada de la vacuna contra la polio durante los primeros años de la década de 1950, las infecciones por el poliovirus han sido casi erradicadas. En países pobres, subdesarrollados y que no tienen acceso a la vacuna, la polio todavía es una preocupación principalmente para bebés y niños pequeños. La Organización Mundial de la Salud (su sigla en inglés es WHO) continúa esforzándose por erradicar el virus a nivel mundial.

Los bebés y los niños pequeños forman el grupo de mayor riesgo.
Las infecciones por poliovirus son más comunes durante las estaciones de verano y otoño.
El riesgo de desarrollar parálisis por el virus aumenta con la edad.

Es una enfermedad infecciosa producida por un virus llamado poliovirus que puede afectar a todo el cuerpo, incluso los músculos y los nervios. En los casos graves, puede producir parálisis permanente o la muerte.

Nombres alternativos:


Polio; parálisis infantil

Causas, incidencia y factores de riesgo:


La poliomielitis es una enfermedad contagiosa causada por la infección con el poliovirus, el cual se transmite por contacto directo de persona a persona, por contacto con las secreciones infectadas de la nariz o la boca o por contacto con heces infectadas. El virus entra a través de la boca y la nariz, se multiplica en la garganta y en el tracto intestinal donde es absorbido y se disemina a través de la sangre y el sistema linfático. Finalmente, el período de incubación dura de 5 a 35 días con un promedio de 7 a 14 días.

Los riesgos son, entre otros:

la poliomielitis Falta de inmunización contra la poliomielitis.
la poliomielitis Viajar a áreas en donde se haya presentado una epidemia.
la poliomielitis Estar en estado de embarazoHaber sufrido un trauma en la boca, la nariz o la garganta como una tonsilectomía reciente o una cirugía dental.
la poliomielitis Haber estado sometido a situaciones de estrés o esfuerzo físico inusual después de estar expuesto al poliovirus (el estrés emocional y físico pueden debilitar el sistema inmune).

La polio se presenta en todas partes del mundo. Sin embargo, en los últimos años no se ha reportado ningún caso en los Estados Unidos (el último reportado a causa de la falta de inmunización fue en 1979). Se ha informado de algunos casos en el hemisferio occidental. Anteriormente los principales afectados por esta enfermedad eran los bebés y los niños, pero en la actualidad son más frecuentes los casos en personas mayores de 15 años y es más común durante el verano y el otoño. Los adultos y las mujeres jóvenes tienen más probabilidad de infectarse, pero cuando la infección se produce en hombres jóvenes, la posibilidad de que se presente la parálisis es mayor.

Entre 1840 y 1950, la poliomielitis fue una epidemia mundial, pero desde que se desarrollaron las vacunas contra la polio, la incidencia se ha reducido. Las epidemias todavía ocurren generalmente en grupos no inmunizados.


¿Cómo se contagia la polio?

El virus se contagia mediante el contacto de una persona infectada con otra, por contacto con las secreciones infectadas de la nariz o la boca, o por contacto con heces infectadas. Suele ingresar por la boca cuando la persona ingiere alimentos o agua contaminada, o cuando se toca la boca con las manos contaminadas.

Síntomas de la poliomielitis

Hay tres patrones básicos de infección por polio: infección subclínica, no paralítica y paralítica. Aproximadamente el 95% son infecciones subclínicas que pueden pasar inadvertidas. La poliomielitis clínica afecta al sistema nervioso central (el cerebro y la médula espinal) y se divide en las formas no paralítica y paralítica. Se puede presentar después de la recuperación de una infección subclínica.

Infección subclínica

  • No se presentan síntomas o los síntomas sólo duran 72 horas o menos
  • Fiebre leve
  • Dolor de cabeza
  • Molestia general o inquietud
  • Dolor de garganta
  • Garganta enrojecida
  • Vómitos

Poliomielitis no paralítica

  • Los síntomas duran de 1 a 2 semanas
  • Fiebre moderada
  • Dolor de cabeza
  • Rigidez del cuello
  • Vómitos
  • Diarrea
  • Cansancio excesivo, fatiga
  • Irritabilidad
  • Dolor o rigidez en la espalda, brazos, piernas y abdomen
  • Sensibilidad muscular y espasmos en cualquier área del cuerpo
  • Dolor en el cuello
  • Dolor en la parte anterior del cuello
  • Rigidez en el cuello
  • Dolor de espalda
  • Dolor en las piernas (músculos de la pantorrilla)
  • Erupción o lesión en la piel acompañada de dolor
  • Rigidez muscular

Poliomielitis paralítica

  • Fiebre, que ocurre 5 a 7 días antes que otros síntomas
  • Dolor de cabeza
  • Rigidez de nuca y espalda
  • Debilidad muscular asimétrica
    • de inicio rápido
    • que avanza hasta la parálisis
    • la localización depende de la parte en que la médula espinal se afecte
  • Sensibilidad anormal, pero sin pérdida de la sensibilidad, de un área
  • Sensibilidad al tacto; un toque leve puede ser doloroso
  • Dificultad para comenzar a orinar
  • Estreñimiento
  • Sensación de distensión del abdomen
  • Dificultad al deglutir
  • Dolor muscular
  • Contracciones musculares o espasmos musculares , particularmente en la pantorrilla, el cuello o la espalda
  • Babeo
  • Dificultad para respirar
  • Irritabilidad o poco control del temperamento
  • Reflejo de Babinski positivo

Signos y exámenes:

El examen puede mostrar signos de irritación meníngea (parecida a la meningitis), como rigidez de nuca o rigidez de espalda con resistencia a la flexión de la nuca. Al sentarse, la persona puede necesitar apoyar el cuerpo con los brazos; puede tener dificultad para levantar la cabeza o las piernas cuando está en posición supina (acostada boca arriba). Los reflejos pueden ser anormales. La enfermedad puede parecerse a la encefalitis y afectar los nervios craneales causando dificultad con la expresión facial, la deglución y la masticación, entre otras; también puede producir asfixia o dificultad respiratoria .

Los cultivos virales de las abluciones de la garganta, de las deposiciones o del líquido cefalorraquídeo (LCR) confirman el diagnóstico (ver recolección de LCR ). El examen rutinario de LCR puede ser normal o puede mostrar un ligero incremento en la presión, la proteína y los glóbulos blancos.

Tratamiento de la Poliomielitis


No hay ningún medicamento que permita curar la polio una vez que la persona está infectada. El paciente debe guardar reposo en cama, en la posición más cómoda posible. Se le administran analgésicos y se le aplican compresas calientes para aliviar el dolor provocado por la marcada contracción muscular. Algunos enfermos necesitan asistencia respiratoria, como oxígeno complementario o un respirador artificial. Durante las epidemias de los años 30, 40 y 50 se colocaba a los pacientes con graves problemas respiratorios en un “pulmón artificial”, una cámara cilíndrica que rodeaba al paciente del cuello para abajo y que se utilizaba para modificar la presión de aire en forma rítmica y así forzar la entrada y salida de aire en los pulmones del enfermo.

Una vez transcurrida la etapa activa de la enfermedad, las células nerviosas no afectadas comienzan a establecer nuevas conexiones nerviosas con las células musculares que han quedado desconectadas. Lo hacen en un intento por asumir la función de las células nerviosas destruidas. A menudo, esto permite que el paciente vuelva a utilizar sus músculos y se recupere, en forma parcial o total.

A los pacientes afectados por una parálisis parcial permanente se les enseña a utilizar los músculos que quedaron sanos. En general, logran llevar una vida activa, aunque algunos precisan de aparatos ortopédicos y, en ocasiones, sillas de ruedas.

 

¿Cómo se previene la polio?


La polio se previene mediante la vacunación. Hay dos tipos de vacunas: una se inyecta y la otra se administra por vía oral. La vacuna Salk (la primera en ser aprobada, en 1955) está compuesta por virus de polio completamente inactivados y se inyecta en el cuerpo. La vacuna oral (conocida como vacuna Sabin e introducida en 1962) está integrada por virus de polio debilitados. Ambas hacen que el cuerpo genere anticuerpos, que son proteínas especiales compuestas de glóbulos blancos y tejido linfático que combaten el virus de la polio. La vacuna crea inmunidad contra la enfermedad, prácticamente como si la persona la hubiera padecido y se hubiese recuperado. (La inmunidad significa que una vez que la persona ha sido infectada por cualquiera de los tres tipos de virus de polio, es casi imposible que contraiga el mismo tipo). Las vacunas inmunizan contra los tres tipos de virus. Ambas vacunas fueron desarrolladas con fondos provistos por March of Dimes. Actualmente en los EE.UU., se vacuna periódicamente a los niños contra la polio y contra otras enfermedades evitables. Reciben 4 dosis de vacuna, a los 2 y 4 meses, entre los 6 y los 18 meses, y entre los 4 y los 6 años. Gracias a los programas de vacunación, las infecciones naturales de la polio han sido erradicadas del continente americano durante las últimas dos décadas.

Hasta hace muy poco, la vacuna de la polio se solía administrar por vía oral. En casos muy excepcionales se presenta la polio paralizante en niños vacunados con la versión oral de la vacuna, y en otros con los que han estado en contacto. A partir de enero de 2000, los Centros Federales para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Asociación de Pediatras de Estados Unidos recomiendan vacunar a los bebés con la inyección, la cual no puede causar la enfermedad. Todo adulto o niño que viaje a países menos desarrollados donde la polio sigue siendo una enfermedad común deberá consultar con su médico o con el departamento de salud local para averiguar si necesitan una vacuna de refuerzo.

¿Existen efectos tardíos de la polio?


Sí. Algunos pacientes que padecieron polio cuando eran jóvenes vuelven a desarrollar nuevas debilidades en los músculos varias décadas después. Esta debilidad puede afectar a los músculos previamente debilitados por la polio, así como a otros que no se creían afectados. En ocasiones, estas personas se quejan de intensa fatiga y dolor en los músculos y en las articulaciones. A la aparición de esta nueva debilidad muscular, de esta fatiga y de estos dolores muchos años después de haber tenido polio se la conoce como síndrome post-polio (PPS). Sin embargo, no todas las personas que tuvieron polio y tienen estos síntomas padecen PPS. Al ser examinados por el médico, se descubre que algunos de ellos sufren artritis o algún otro trastorno muscular o articular.
 
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