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Es probable que las personas que padecen de demencia por infartos múltiples presenten signos de mejoría o que se estabilicen por períodos prolongados, para posteriormente presentar nuevos síntomas si se producen otros derrames. En muchas personas con demencia por infartos múltiples, la causa es la hipertensión. Una de las razones más importantes para controlar la hipertensión es prevenir los derrames cerebrales.
Causas y factores de riesgo
Las dos mayores causas degenerativas (irreversibles) de demencia son el mal de Alzheimer y la demencia vascular (pérdida de la función cerebral debido a una serie de pequeños accidentes cerebrovasculares). Las dos afecciones a menudo se presentan juntas.
La demencia con los cuerpos de Lewy (DBL) es una causa importante de demencia degenerativa en adultos mayores y es un padecimiento ligado a estructuras proteínicas anormales en ciertas áreas del cerebro. Las estructuras y síntomas de esta afección están asociadas con el mal de Alzheimer, aunque es incierto si la DBL es un subtipo de este mal o es una enfermedad aparte. No existe cura para la DBL o el mal de Alzheimer.
Las afecciones que provocan daño en los vasos sanguíneos o en las estructuras nerviosas del cerebro también pueden llevar a que se presente demencia.
Las causas de demencia que se pueden tratar abarcan: hidrocefalia normotensa, tumores del cerebro, demencia de origen metabólico, afecciones de la tiroides, niveles bajos de vitamina B12 e infecciones.
La demencia se puede diagnosticar cuando un paciente presenta dos o más problemas en la función cerebral. Estos problemas pueden involucrar el lenguaje, la memoria, la percepción, el comportamiento emocional o la personalidad, y las habilidades cognoscitivas (tales como el cálculo, el pensamiento abstracto o el discernimiento). La demencia usualmente aparece primero como mala memoria. Otros síntomas pueden ser evidentes solamente durante un examen médico o con pruebas cognoscitivas.
La demencia generalmente ocurre en la edad avanzada, es poco común en personas menores de 60 años y el riesgo de padecerla se incrementa obviamente a medida que la persona envejece.
Síntomas
Pérdida progresiva de la memoria
Incapacidad de concentración
Disminución de la capacidad para resolver problemas y de la capacidad de discernimiento
Confusión seria
Alucinaciones, delirios
Sensibilidad o percepción alteradas
Deterioro del reconocimiento (agnosia)
 Deterioro del reconocimiento de objetos o personas familiares
 Deterioro del reconocimiento mediante los sentidos
Patrones alterados de sueño
 Insomnio
 Necesidad de dormir más
 Perturbación o cambio del ciclo sueño-vigilia
Deterioro del sistema motor
 Deterioro de la destreza motora (apraxia)
- incapacidad para reproducir figuras geométricas
- incapacidad para imitar posiciones de las manos
- incapacidad para vestirse
 Cambios en la marcha
 Movimientos inapropiados
 Otros deterioros del sistema motor
Desorientación
 Persona, lugar, tiempo
 Desorientación visual-espacial
 Incapacidad para interpretar claves ambientales
Trastornos específicos del aprendizaje o resolución de problemas
 Incapacidad para generalizar
 Pérdida del pensamiento abstracto
 Deterioro de la capacidad para calcular
 Incapacidad para aprender
Deficiencia en la memoria
 Problemas con la memoria a corto plazo (incapacidad para recordar nuevas cosas)
 Problemas con la memoria a largo plazo (incapacidad para recordar el pasado)
Ausencia o deterioro de la capacidad lingüística (afasia)
 Incapacidad para comprender el lenguaje
 Incapacidad para leer
 Incapacidad para escribir
 Incapacidad para hablar, sin parálisis muscular
 Incapacidad para formar palabras
 Incapacidad para nombrar objetos
 Enunciación deficiente
 Discurso inapropiado, uso de jerga o malas palabras
 Incapacidad para repetir una frase
 Repetición persistente de frases
 Otros deterioros del lenguaje
Cambios de personalidad
 Irritabilidad
 Control deficiente del temperamento
 Ansiedad
 Depresión
 Indecisión
 Egocentrismo
 Inflexibilidad
 Humor no observable (afecto plano)
 Humor o conducta inadecuados
 Aislamiento de la interacción social
 Incapacidad para desenvolverse o interactuar en situaciones personales o sociales
 Iincapacidad para conservar el empleo
 Disminución de la capacidad para cuidar de sí mismo
 Disminución del interés por las actividades vitales diarias
Falta de espontaneidad
Los síntomas adicionales que pueden estar asociados con esta enfermedad son los siguientes:
Problemas para deglutir
Incontinencia
Tratamiento
El objetivo del tratamiento es controlar los síntomas de demencia y depende de la afección específica causante de esta enfermedad. Algunas personas pueden requerir hospitalización por un corto tiempo.
La suspensión o el cambio de medicamentos que empeoran la confusión puede mejorar la función cerebral. Los medicamentos que contribuyen a la confusión son, entre otros: anticolinérgicos, analgésicos (medicamentos para el dolor), cimetidina, depresores del sistema nervioso central y lidocaína.
Se deben tratar igualmente los trastornos que contribuyen a la confusión, como insuficiencia cardíaca, disminución de oxígeno (hipoxia), trastornos de la tiroides, anemia, trastornos nutricionales, infecciones y afecciones psiquiátricas, como la depresión. La corrección de trastornos médicos y psiquiátricos coexistentes a menudo mejora enormemente el funcionamiento mental de la persona.
Pueden requerirse medicamentos para controlar problemas de comportamiento. Dichos medicamentos pueden ser:
Antipsicóticos, administrados por la noche
Drogas que afectan la serotonina (trazodona, buspirona)
Bloqueadores de la dopamina (como haloperidol, Risperidal, olanzapina, clozapina)
Inhibidores de la colinesterasa: donepezil (Aricept), rivastigmina (Exelon) o la galantamina (Razadyne, antiguamente llamado Reminyl) en la demencia de tipo Alzheimer
Estabilizadores del estado de ánimo como fluoxetina, imipramina o Celexa
Estimulantes, como metilfenidato, para aumentar la actividad y la espontaneidad
Se deben evaluar regularmente los ojos y oídos de la persona y es posible que sea necesario suministrar audífonos, anteojos o llevar a cabo una cirugía de cataratas.
La psicoterapia o la terapia grupal generalmente no ayuda porque puede confundir más a la persona con demencia.
TRATAMIENTO A LARGO PLAZO
Una persona con demencia puede necesitar vigilancia y asistencia en el hogar o en una institución especializada. Las posibles opciones son, entre otras: cuidados en el hogar, internados, guarderías para adultos y hogares de convalecencia.
Las enfermeras o ayudantes de cabecera, los servicios voluntarios, el servicio doméstico, los servicios de protección de adultos y otros recursos comunitarios pueden ayudar en el cuidado de la persona con demencia. En algunas comunidades, puede haber acceso a grupos de apoyo (ver grupos de apoyo para el cuidado de ancianos) y el asesoramiento a la familia puede ayudar a sus miembros a hacer frente a los cuidados en el hogar.
En cualquier ambiente donde se brinden cuidados debe haber objetos y personas familiares. El hecho de dejar las luces encendidas en la noche puede reducir la desorientación. La programación de actividades debe ser simple.
La modificación de la conducta puede ayudar a algunas personas a controlar conductas inaceptables o peligrosas y consiste en recompensar conductas apropiadas o positivas e ignorar las inadecuadas (dentro de los límites de seguridad). La orientación de la realidad, con refuerzo repetitivo de puntos de referencia ambientales y otras referencias, también puede ayudar a reducir la desorientación.
Las instrucciones por adelantado, un poder legal y otras acciones legales pueden facilitar la toma de decisiones respecto al cuidado de la persona con demencia. El asesoramiento legal se debe buscar al comienzo del curso del trastorno, antes de que la persona con demencia sea incapaz de tomar tales decisiones.
Pronostico
El resultado varía. La demencia generalmente empeora y con frecuencia provoca una disminución en la calidad y expectativa de vida.
Prevención
La mayoría de las causas de la demencia no se pueden prevenir. Sin embargo, el hecho de consumir una dieta baja en grasa, dejar de fumar y controlar la presión sanguínea y la diabetes pueden reducir el riesgo de padecer demencia vascular, que es causada por pequeños accidentes cerebrovasculares. La demencia vascular también puede jugar un papel importante en la evolución del mal de Alzheimer.
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