Existen más de 100 tipos de trastornos de los nervios periféricos. Estos pueden afectar a uno o a muchos nervios. Algunos surgen como resultado de otras enfermedades, como los problemas neurológicos de los diabéticos. Otros, como el síndrome de Guillain-Barre, ocurren después de una infección viral.
Otros más, a consecuencia de la compresión de un nervio, el síndrome del túnel del carpo o síndrome de la salida torácica. En algunos casos, como el síndrome de dolor regional complejo, el problema se inicia a partir de una lesión. Algunas personas nacen con trastornos en los nervios periféricos.
Los síntomas suelen comenzar gradualmente y después empeorar. Entre ellos se encuentran:
Entumecimiento
Dolor
Ardor u hormigueo
Debilidad muscular
Sensibilidad al tacto
El tratamiento busca tratar cualquier problema subyacente, mitigar el dolor y controlar los síntomas.
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Existen muchas enfermedades o conductas que pueden provocar una neuropatía como por ejemplo: diabetes (neuropatía diabética), deficiencias alimentarias, consumo excesivo de alcohol (neuropatía alcohólica), uremia, cáncer, SIDA, hepatitis, difteria, infección por VIH (aunque no se haya desarrollado el SIDA aún), poliarteritis nudosa, artritis reumatoidea, sífilis y lupus erimatoso sistémico, entre otras. Sin embargo, también puede ser consecuencia de factores hereditarios, exposición a ciertos compuestos tóxicos o como un efecto secundario de algunos medicamentos.
En cuanto a su gravedad, puede ser sólo una molestia para quien la padece, o incluso llegar a la incapacidad. Por lo general, se manifiesta como un hormigueo, quemazón o adormecimiento o entumecimiento de los pies. Para detectarla hay que poner atención en tres aspectos: si es que se presentan cambios en la sensibilidad, si hay dificultades de movimiento y, por último, si hay problemas autonómicos como visión borrosa, disminución de la sudoración, mareos, intolerancia al calor, etc. Estos tres posibles tipos de síntomas se deben a que existen tres distintos tipos de nervios: sensoriales, motores y autonómicos.
Para tratar una neuropatía, existen tres formas de afrontarlo. Lo primero es mediante un tratamiento no medicinal. Consejos tan sencillos como utilizar zapatos holgados, no caminar mucho, no permanecer mucho tiempo de pie o descansar los pies en agua fría, pueden ayudar a reducir los síntomas. Si esto no es suficiente, es posible recurrir a la terapia médica. Dependiendo si es que se ha presentado de forma leve, moderada o intensa, el doctor puede recomendar distintos medicamentos que contribuyan a apalear la enfermedad. Dentro de los más comunes están el ibuprofeno, la amitriptilina o nortriptilina, o algunos analgésicos narcóticos.
Por último, y especial para las personas que sufren de una neuropatía diabética, se puede realizar una terapia nutricional que aumente el consumo de vitaminas B, ácido alfa lipoico y ácido gama linoleico. Recientemente se han hecho estudios que indican que para este tipo de neuropatía se puede reducir el dolor mediante el uso de imanes en los calcetines.
Prevención
Los estudios realizados no han conseguido establecer con toda certeza que el control de la glucosa es un medio efectivo en la prevención o el tratamiento de la neuropatía diabética. Sin embargo, parece prudente promover un buen control de la glucemia hasta que los beneficios y riesgos de este objetivo sean clarificados por estudios clínicos más amplios.
El médico debe urgir a los pacientes a evitar otros factores de riesgo asociados con el desarrollo de la polineuropatía periértica. Estos incluyen el consumo de alcohol, la mala alimentación, la exposición a toxinas químicas, el uso de algunos fármacos y lesiones físicas a algunos nervios (como compresión, por ejemplo)
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