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Preocuparse más por la calidad de los alimentos que de disfrutarlos
Disminuir la calidad de vida conforme aumenta la ‘calidad’ de la alimentación
Planificar excesivamente las comidas
Aislamiento social provocado por el tipo de alimentación
Sentimiento de culpa al saltarse sus leyes dietéticas y comer algo prohibido
Preferir ayunar antes que comer algún alimento prohibido
Síntomas
¿Empleas muchas horas pensando en lo que vas a comer? ¿Gastas mucho dinero en productos alimenticios sanos? ¿Estás obsesionado por lo que comes? Estas y otras preguntas son las que realizan los especialistas estadounidenses a sus pacientes. Si se responde "sí" a alguna de estas cuestiones puede diagnosticarse como ortoréxico. Esta investigación dio pie a la elaboración del polémico manual “Adictos a la comida saludable”, escrito por el psicólogo americano Steven Bratman que ha dado a conocer este fenómeno al resto de la población.
“Por mi consulta pasan muchos pacientes que preguntan cómo pueden prevenir o tratar alguna enfermedad a través de la dieta”, explica el autor del libro en una pequeña introducción. Su experiencia le ayudó a sentar las bases de este trastorno que, no se puede calificar como enfermedad a no ser que requiera tratamiento psiquiátrico”, recuerda la doctora Zamarrón. “Todos nos preocupamos por comer alimentos sanos, pero cuando ese comportamiento normal pasa a convertirse en una obsesión que entrañe peligros para la salud ya pasa a calificarse como ortorexia”. Actualmente, se desconoce la prevalencia en España al tratarse de un fenómeno tan novedoso. "Conozco a menos de un 1 por ciento de casos de ortorexia", afirma la doctora del Ramón y Cajal. Sin embargo, los especialistas auguran un aumento de la incidencia cuando se conozca más acerca de los alimentos funcionales.
Tratamientos
El tratamiento de los pacientes con trastornos de la alimentación debe abordarse desde perspectivas diversas que incluyan la corrección de las posibles complicaciones orgánicas, la rehabilitación nutricional y la recuperación de las pautas normales de alimentación así como el estudio de los posibles problemas psicológicos, familiares y sociales que presente cada enfermo.
En la medida de lo posibles, el tratamiento de los pacientes con TCA deberá realizarse en régimen ambulatorio, aunque en ocasiones será necesario seguir el tratamiento en régimen de hospitalización.
La recuperación ponderal en estos pacientes, por sí sola, puede dar lugar a luna mejoría del pensamiento obsesivo, del estado de ánimo y de los cambios psicológicos. Habitualmente la renutrición se hará a través de la alimentación por vía oral.
El objetivo final del tratamiento será que el paciente adquiera hábitos alimentarios correctos y que ingiera una dieta equilibrada que contenga proteínas, hidratos de carbono y grasas, además de vitaminas y oligoelementos.
La segunda fase del tratamiento estaría orientada a la resolución de los problemas psicopatológicos. En ocasiones será necesario iniciar tratamiento psicofarmacológico (Mitchell y col. 1990). Este es el momento de profundizar en la relación psicoterápica tan necesaria para una completa y total recuperación.
La psicoterapia irá encaminada a conseguir que el paciente no sólo cambie su conducta, sino también sus actitudes hacia su cuerpo y su peso, y favorecer su autoestima. Estos pacientes se autoevalúan continuamente a través del peso; hay que ayudarles a descubrir sus creencias distorsionadas en relación con la gordura y a identificar los patrones cognitivos erróneos tales como “el valor personal se puede deducir del peso”.
Puede ser útil, también, informarles acerca de los efectos de la inanición y de las complicaciones de la enfermedad, y mostrarles las presiones socioculturales a las que se ven sometidos y que, sin duda, influyen también en la aparición de estos trastornos.
Aunque no todas las familias de los pacientes con trastornos de la alimentación son disfuncionales, todas ellas necesitan ayuda para que puedan colaborar adecuadamente en el tratamiento. Es necesario que los padres conozcan las características del trastorno que padece su hijo y que reciban las orientaciones e indicaciones oportunas para lograr en ellos una actitud que no potencie la enfermedad y las características patológicas de personalidad del paciente.
En algunos casos en que la dinámica familiar sea claramente disfuncional será necesario realizar un abordaje psicoterápico que incluya a todo el grupo familiar.
Prevención
La prevención de los trastornos alimentarios debe llevarse a acabo a distintos niveles. En el ámbito escolar y familiar puede realizarse una prevención primaria, insistiendo en la importancia de adquirir hábitos nutricionales sanos y de seguir una alimentación adecuada. La dieta tiene que ser variada y equilibrada, bien distribuida a lo largo del día.
Es importante evitar que lo niños coman solos, fomentar que se realicen las comidas principales en familia y estimular una actitud crítica entre los jóvenes frente a determinados mensajes publicitarios de exaltación de un cuerpo delgado.
Es importante, por otra parte, que se lleve a cabo la detección de nuevos casos y un tratamiento precoz. En esto tienen un papel destacado el médico de familia y el pediatra, ya que es a ellos a los que suelen acudir en primer lugar estos pacientes.
Deben prestar especial atención a demandas de dietas, desórdenes gastrointestinales atípicos, peticiones de laxantes, hipopotasemias de causa desconocida, etc., y tener en mente, de modo sistemático, la posibilidad de un TCA. |