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En segundo lugar, pese a esfuerzos del Estado norteamericano y de otros estados de países del primer mundo para promover la investigación pediátrica, el conocimiento existente acerca de los efectos que muchas drogas pueden tener sobre los niños es realmente bajo, inexacto, y hasta contradictorio.
Algunos fármacos, como Prozac y otros similares, han sido asociados a ideación suicida en niños, mientras que otros estudios más bien han hallado lo contrario. La indecisión al respecto por parte de la mismísima FDA norteamericana (la entidad que reglamenta el uso de sustancias en los EEUU, y cuyas reglas de uso de drogas son el estándar aplicado en muchos otros países) es un indicador de la gravedad de la ignorancia que actualmente reina.
Indicadores Importantes: ¿Debe preocuparse por su criatura?
Normalmente, los padres solemos preocuparnos mucho por nuestros hijos, y a menudo la falta de información suele agravar nuestras preocupaciones. En este caso, sí existen sin embargo algunos criterios que deberían alertarnos.
Usted debería empezar a preocuparse si la mayoría de lo siguiente es cierto:
Pasa más tiempo molesto con (y/o corrigiendo la) conducta de su hijo que pasando tiempo juntos en un ambiente emocional positivo.
De pronto siente que se ha “roto el encanto” que sentía en relación a su hijo, ya no se siente tan ilusionado con él/ella.
Los miembros de la familia constantemente discuten en torno a la conducta de su niño.
Siente que ya no entiende bien la conducta de su hijo.
Su niño no parece ser el mismo de antes. No se comporta como siempre.
a habido cambios notables, bruscos y persistentes en la conducta de su niño. Por ejemplo, en relación a la cantidad de amigos con quienes se relaciona o bien su nivel de actividad.
Su niño pasa, por su propia voluntad, demasiado tiempo aislado.
Su niño casi nunca sonríe espontáneamente, no se le ve contento o feliz, el rango de sus emociones parece limitado a la cólera y el malhumor.
Su niño tiene reacciones clara y constantemente desproporcionadas ante muchas situaciones.
Los demás niños mantienen distancia ante su niño, piensan que es raro y/o extraño, o tienen miedo de él.
Es especialmente importante determinar si las reacciones de su hijo son claramente desproporcionadas, si eventualmente tiene “ataques” de ira aparentemente sin motivo, o si cuando se le pregunta por las razones de su malhumor el niño aduce razones totalmente imaginarias y sin relación con la realidad.
Fíjese en especial si cuando tiene sus “ataques” conserva algún tipo de límite: por ejemplo, muchos niños y niñas tienen “berrinches”, pero se calman si los padres amenazan con ciertos castigos, cuando están ante terceros, o evitan destrozar sus juguetes favoritos. Es preocupante si la criatura simplemente entra en una fase de ira incontrolable y no reacciona ante nada ni nadie.
Analice si su niño o niña pasa directamente del “ataque” a la “normalidad”, o si por lo contrario se queda un largo periodo de tiempo temperamental o cansado. ¿El niño es capaz de recordar lo que le pasó? ¿Busca ayuda de alguien, o simplemente ha “tirado la toalla”?
Por último, es básico que determine el impacto que las “conductas extrañas” tienen en la vida de su hijo y en la de su familia. Un signo de alarma lo constituye la sensación de los padres o de la familia de haber tenido que hacer cambios en el estilo de vida familiar o en sus rutinas a fin de poder hacerse cargo de la conducta del niño o niña. Otro signo de alarma potencial es el impacto de la conducta inusual puede tener en la vida social del niño, en su rendimiento escolar, así como en su propia autoestima.
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