|
Con algunas lesiones y enfermedades, la inflamación no desaparece o la destrucción produce dolor y deformidad prolongados, lo que se considera artritis crónica. La osteoartritis es la variedad más común y es probable que ocurra con más frecuencia a medida que la persona envejece. Se puede sentir en cualquier articulación, pero se da con más frecuencia en las caderas, las rodillas y los dedos de las manos. Los factores de riesgo para la osteoartritis son:
Tener sobrepeso
Haberse lesionado previamente la articulación afectada
Utilizar la articulación afectada en una acción repetitiva que ponga tensión en la misma (los beisbolistas, los bailarines de ballet y los trabajadores de la construcción están todos en riesgo)
La artritis puede presentarse en hombres y mujeres de cualquier edad. Alrededor de 37 millones de personas en los Estados Unidos tienen algún tipo de artritis, es decir casi 1 de cada 7 personas.
Síntomas
Los pacientes con artritis pueden sufrir de los siguientes síntomas:
Dolor articular
Inflamación articular
Rigidez especialmente en la mañana
Calor alrededor de una articulación
Enrojecimiento de la piel alrededor de una articulación
Disminución de la capacidad para mover la articulación
Diagnostico
El diagnóstico de la Artritis puede ser difícil a causa de que puede comenzar gradualmente y por síntomas muy sutiles. Los análisis de sangre y las radiografías pueden ser normales al inicio del proceso. Los síntomas de comienzo, las articulaciones inicialmente afectas y la afección de otros órganos como los ojos, el pulmón o la piel, puede variar entre los distintos individuos. Otras artritis pueden simular las manifestaciones de la AR. En no pocas ocasiones, la destreza y experiencia del médico, son esenciales para establecer un diagnóstico preciso y proponer el tratamiento más apropiado. Los criterios diagnósticos establecidos por el Colegio Americano de Reumatología, incluyen alguno de los siguientes:
Presencia de artritis de más de 6 semanas de duración
Rigidez articular matutina prolongada
Presencia de nódulos característicos en la piel
Erosiones articulares visibles por radiología
Positividad analítica de un anticuerpo que se conoce como factor reumatoide, si bien el 25% de los pacientes con AR nunca desarrollarán este factor y, dicho anticuerpo, puede aparecer en sujetos que no tienen Artritis.
Tratamiento
El tratamiento de la artritis depende de la causa particular, la gravedad de la enfermedad, las articulaciones comprometidas y la forma como esta dolencia afecta las actividades diarias. Además, la edad y la ocupación también se tienen en cuenta cuando el médico trabaja juntamente con el paciente para elaborar un plan de tratamiento.
De ser posible, el tratamiento se puede enfocar hacia la eliminación de la causa subyacente de la artritis. Sin embargo, por lo general, la causa no necesariamente se puede curar, como sucede con la osteoartritis y la artritis reumatoidea; por lo tanto, el tratamiento se orienta a reducir el dolor y el malestar y evitar una discapacidad posterior.
Es posible mejorar enormemente los síntomas de osteoartritis y otros tipos de artritis crónicas sin el uso de medicamentos. De hecho, hacer cambios en el estilo de vida sin el uso de medicamentos es preferible para la osteoartritis y otras formas de inflamación articulatoria. De ser necesario, los medicamentos se deben usar además de los cambios en el estilo de vida.
El ejercicio para la artritis es necesario para mantener las articulaciones saludables, aliviar la rigidez, reducir el dolor y la fatiga, y mejorar la fortaleza ósea y muscular. El programa de ejercicios se debe diseñar de manera individual para cada persona y se recomienda trabajar con un fisioterapeuta para diseñar el programa individualizado, el cual debe incluir:
Ejercicios de rango de movimiento para la flexibilidad
Ejercicios de fortaleza para el tono muscular
Actividad aeróbica de bajo impacto (también llamada ejercicios de resistencia)
Un fisioterapeuta también puede aplicar tratamientos de calor y frío en la medida de lo necesario y preparar a la persona para el uso de tablillas o dispositivos ortóticos (enderezar) con el fin de apoyar y alinear las articulaciones, lo cual puede ser particularmente necesario para la artritis reumatoidea. El fisioterapeuta también puede pensar en la hidroterapia, el masaje con hielo o la estimulación nerviosa transcutánea (TENS, por sus siglas en inglés).
El descanso es tan importante como el ejercicio. De hecho, dormir de 8 a 10 horas cada noche y hacer siestas durante el día puede ayudar a la persona a recuperarse más rápidamente de un recrudecimiento de la enfermedad y puede incluso ayudar a prevenir el empeoramiento de la misma. Así mismo, se debe:
Evitar posiciones o movimientos que ejerzan tensión adicional sobre las articulaciones afectadas.
Evitar mantener una posición durante mucho tiempo.
Reducir el estrés que puede empeorar los síntomas. Se puede ensayar con la meditación o las imágenes guiadas. Igualmente, se puede hablar con el fisioterapeuta acerca de la práctica de yoga o tai chi.
Hacer modificaciones en el hogar con el fin de facilitar las actividades; por ejemplo, tener varillas de donde tomarse en el baño, la tina o cerca del sanitario.
Prevención
Si la artritis se diagnostica y se trata tempranamente, se puede prevenir el daño a la articulación. Se recomienda averiguar si hay antecedentes familiares de artritis y compartir esta información con el médico, incluso si la persona no tiene síntomas en las articulaciones.
La osteoartritis se puede desarrollar con mayor probabilidad si se abusa de las articulaciones (las lesionan muchas veces o las sobrecargan mientras están lesionadas). Se debe tener cuidado de no sobrecargar de trabajo a una articulación lesionada o adolorida e igualmente evitar los movimientos repetitivos.
El sobrepeso también incrementa el riesgo de desarrollar osteoartritis en las rodillas y posiblemente en las caderas y manos. Ver el artículo sobre índice de masa corporal para saber si el peso de una persona es saludable.
|