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La tuberculosis (abreviada TBC o TB) es una enfermedad infecto-contagiosa causada por diversas especies del género mycobacterium, todas ellas pertenecientes al Complejo Mycobacterium Tuberculosis.

La especie más importante y representativa es Mycobacterium Tuberculosis o bacilo de Koch. La TBC es posiblemente la enfermedad infecciosa más prevalente en el mundo.

La tuberculosis supone un auténtico problema de salud pública, tanto a nivel nacional como mundial, por lo que quizá merezca la pena detenerse a analizar su situación epidemiológica actual, tan importante para comprender correctamente esta enfermedad en su globalidad.

No por repetidas, dejan de sorprender las cifras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) publica en relación a la situación de la tuberculosis en el mundo. Este es el párrafo con el que esta organización comienza todas sus publicaciones:

 

 
 
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"Aproximadamente un tercio de la población mundial está infectado po M. tuberculosis. Según las estimaciones disponibles, en 1995 se registraron mundialmente unos nueve millones de casos nuevos de tuberculosis y tres millones de defunciones por esa causa.

M. tuberculosis causa la muerte de más personas que cualquier otro agente infeccioso. Las defunciones por tuberculosis representan el 25 por ciento de todo la mortalidad evitable en los países en desarrollo, donde se registra el 95 por ciento de los casos y el 98 por ciento de los fallecimientos causados por esta enfermedad; el 75 por ciento de los casos se sitúa en el grupo de edad económicamente productivo (15-50 años).

En consecuencia, a medida que se acerca el siglo XXI, nos encontramos con una situación mucho más grave que la que existía a mediados de los años cincuenta".

Causas, incidencia y factores de riesgo

La tuberculosis es causada por una bacteria llamada Mycobacterium tuberculosis ( M. tuberculosis ) y se puede adquirir por la inhalación de gotitas de aire provenientes de la tos o el estornudo de una persona infectada.

La etapa primaria de la infección generalmente es asintomática (sin síntomas). En los Estados Unidos, la mayoría de las personas se recupera de la infección de tuberculosis primaria sin evidencia posterior de la enfermedad. Sin embargo, en algunos casos, la enfermedad se puede volver activa en cuestión de semanas después de la infección primaria o puede permanecer latente por años y reaparecer posteriormente.

 

 

Las siguientes personas están en riesgo de tuberculosis activa:

Tuberculosis Los ancianos
Tuberculosis Los bebés
Tuberculosis Las personas con sistemas inmunitarios debilitados, por ejemplo, debido a SIDA, quimioterapia o medicamentos antirrechazo administrados después de un trasplante de órgano

El riesgo de contraer la tuberculosis aumenta si la persona:

Tuberculosis Está en contacto frecuente con personas que padecen la enfermedad
Tuberculosis Vive en condiciones de vida insalubres o de hacinamiento
Tuberculosis Está desnutrida

Los siguientes factores pueden incrementar la tasa de infección tuberculosa en una población:

Tuberculosis Aumento de las infecciones por VIH
Tuberculosis Aumento en el número de personas sin hogar (ambiente de pobreza y mala nutrición)
Tuberculosis Aparición de cepas de la tuberculosis resistentes a las drogas

Transimisión

La tuberculosis es transmitida de persona a persona principalmente por vía respiratoria, a través de las gotitas de Pflüge. Los bacilos tuberculosos (en número de 1 a 3) forman los núcleos de estas pequeñas gotitas, lo suficientemente pequeñas (1-5 micras de diámetro) como para evaporarse, y permanecer suspendidas en el aire varias horas.

Las partículas de mayor tamaño, aunque tengan mayor número de bacilos, son menos contagiosas, pues caen por gravedad, o en el caso de ser inhaladas, son eliminadas por el sistema mucociliar y la tos. Cuando una persona con tuberculosis pulmonar o laríngea tose, estornuda, habla o canta, emite estas pequeñas partículas.

La posibilidad de que la enfermedad se transmita depende de cuatro factores:

Tuberculosis Las características del enfermo.

Tuberculosis El entorno en que tiene lugar la exposición.

Tuberculosis La duración de la exposición.

Tuberculosis La susceptibilidad del receptor (de ella hablaremos en la patogenia).

La capacidad de infectar de un enfermo determinado va a depender de la cantidad de bacilos que expulse con sus secreciones respiratorias, estando ésta en relación directa con la frecuencia de la tos, la existencia de lesiones cavitadas y con las formas de diseminación broncógena. La tuberculosis laríngea es especialmente infectiva.

Así, por ejemplo, los niños, aunque posible, rara vez son la fuente de infección para otras personas, pues tosen con menos frecuencia, con menos fuerza, e infrecuentemente sufren formas cavitadas extensas. Una vez iniciado un tratamiento correcto, en dos o tres semanas el esputo se esteriliza y la capacidad de infectar desciende en gran medida. De aquí la importancia que tiene en el control de la enfermedad el diagnóstico precoz, el aislamiento y el inicio del tratamiento.

Igualmente medidas que pudieran parecer tan superfluas como el cubrir la boca y la nariz del enfermo al estornudar o toser disminuyen mucho la capacidad de infectar. De estas y otras medidas hablaremos más tarde en las medidas de control de la enfermedad. Las micobacterias son sensibles a la radiación ultravioleta. Así, raramente, se produce el contagio en la calle, a la luz del día.

El hacinamiento facilitará la posibilidad de transmisión. De nuevo, una medida tan simple como una buena ventilación hará disminuir esta posibilidad (con seis o más intercambios del aire de la habitación en una hora son suficientes).

El contagio se puede producir en un contacto esporádico con un enfermo, pero evidentemente cuanto más íntimo y prolongado sea el contacto, mucho mayores serán las posibilidades: familiares, compañeros de habitación, compañeros de trabajo etc., serán los que más frecuentemente se infecten. En general, se acepta que el 23-25 por ciento de los contactos con un caso infeccioso se infectarán.

La tuberculosis extrapulmonar rara vez es contagiosa. Sin embargo, se han publicado casos de transmisión al realizar técnicas que producen aerosoles, como pudiera ocurrir en las autopsias. No se transmite a través de utensilios, vajillas etc.

Aunque extremadamente rara, se ha documentado la transmisión del hombre a animales de compañía y viceversa.

Clásicamente, se hablaba de la posibilidad de transmisión de M. bovis a través de la ingestión de lecha de vaca, penetrando a través de la mucosa gastrointestinal. Hoy en día, con las técnicas de higienización de la leche, es prácticamente inexistente.

Síntomas

Tuberculosis Si aparecen, se limitan a una tos mínima y una fiebre leve
Tuberculosis Fatiga
Tuberculosis Pérdida involuntaria de peso
Tuberculosis Tos sanguinolenta
Tuberculosis Fiebre y sudoración nocturna
Tuberculosis Tos que produce flema

Los síntomas adicionales que pueden estar asociados con la enfermedad son:

Tuberculosis Sibilancias
Tuberculosis Sudoración excesiva, especialmente en la noche
Tuberculosis Dolor en el pecho
Tuberculosis Dificultad respiratoria

Diagnostico

El diagnóstico de tuberculosis descansa sobre cuatro pilares fundamentales: la sospecha clínica, la prueba de la tuberculina, la radiología, y la bacteriología. Dentro del diagnóstico cabe distinguir un "diagnóstico pasivo", que es el que realizamos en aquellos pacientes que acuden a nuestra consulta, y un "diagnóstico activo", tan importante como el anterior, y es el que debemos buscar nosotros de forma activa entre aquellas personas que pertenecen a grupos de riesgo. A este segundo dedicaremos un apartado especial, y en él comentaremos ampliamente la prueba de la tuberculina.

Tratamiento

El tratamiento antituberculoso tiene que cumplir una serie de requisitos imprescindibles. En primer lugar, dado que existe cierto riesgo de que M. tuberculosis se haga espontáneamente resistente a cualquiera de los fármacos utilizados, será necesaria la combinación de al menos dos fármacos para reducir este riesgo. En segundo lugar, debido a que M. tuberculosis requiere mucho tiempo para multiplicarse, con largos períodos de inactividad metabólica intracelular, el tratamiento antibiótico deberá ser siempre muy prolongado. Por último, debe considerarse que la respuesta inmunitaria del huésped es esencial en el control de la infección, por lo que el tratamiento debería modificarse según la enfermedad de base del paciente. Se considera que existen tres tipos de poblaciones bacilares en las lesiones tuberculosas: la inmensa mayoría de las bacterias se encuentran en fase de multiplicación y son de localización extracelular; existe otra población intracelular, relativamente inactiva en cuanto a metabolismo se refiere y, por último, una serie de microorganismos extracelulares localizados en los focos de necrosis caseosa, completamente inactivos. Sólo la rifampicina es bactericida en estos tres compartimientos, aunque las bacterias no se estén multiplicando. La isoniazida sólo es bactericida contra los microorganismos extracelulares o intracelulares siempre que estén metabólicamente activos. La estreptomicina únicamente es bactericida frente a los microorganismos extracelulares, y la pirazinamida, sólo contra los intracelulares. El etambutol siempre es bacteriostático. Fármacos antituberculosos. Los antibióticos usados en el tratamiento de la tuberculosis pueden dividirse en fármacos de primera y de segunda línea . Los de primera línea son los más eficaces y se consideran esenciales para los tratamientos cortos. Los de segunda línea, en cambio, son mucho menos eficaces y producen más efectos secundarios.

Tuberculosis FÁRMACOS DE PRIMERA LÍNEA. Isoniazida. Por su excelente actividad, bajo costo y relativa buena tolerancia es considerado todavía el mejor fármaco antituberculoso de que se dispone, por lo que siempre debería estar incluido en cualquier régimen terapéutico si la cepa de M. Tuberculosis es sensible. La isoniazida es la hidrazida del ácido isonicotínico, una molécula pequeña e hidrosoluble que penetra fácilmente en las células. Actúa inhibiendo la síntesis de los ácidos micólicos de la pared celular, aunque su mecanismo íntimo de acción todavía se desconoce. Su absorción, tanto por vía oral como parenteral es muy buena y difunde bien al LCR y a los restantes tejidos. Es acetilada en el hígado y la velocidad de acetilación está controlada genéticamente.Los dos efectos adversos más importantes son su hepatotoxicidad y la producción de neuropatía periférica. En ocasiones produce reacciones cutáneas, fiebre, convulsiones y síntomas psiquiátricos. La frecuencia de hepatitis aumenta con la edad: ocurre en el 0,3 % de las personas menores de 35 años, en el 1,2 % de los menores de 49 años y en el 2,3 % de los mayores de 50 años. Su frecuencia aumenta con la ingestión de alcohol, con la administración simultánea de rifampicina y en los acetiladores lentos. La mortalidad producida por la hepatitis oscila entre el 6 y el 12 % en pacientes que continúan tomando el fármaco, pero el riesgo real es mucho menor para aquellos que suspenden la medicación (14 por 100.000 pacientes tratados). Debe advertirse al paciente que deje inmediatamente de tomar la medicación en caso de presentar síntomas indicativos de hepatitis (vómitos, fiebre, náuseas, anorexia,etc.). El 12 % de los pacientes que toman isoniazida sufren elevación de las cifras de transaminasas, lo cual no es un motivo para suspender la medicación, a no ser que las cifras de transaminasas aumenten a más de 3-4 ve-ces las normales. La neuritis periférica es dependiente de la dosis y su incidencia es muy variable (2-20 % casos) según la enfermedad de base. Los pacientes con predisposición a sufrir otras neuropatías (alcohólicos, malnutridos, diabéticos) corren mayor riesgo, pero éste puede reducirse al 0,2% con la administración profiláctica de 10-50 mg diarios de piridoxina (vitamina B6 ). Rifampicina. Es el segundo fármaco más importante en el tratamiento de la tuberculosis. Su eficacia es comparable a la de la isoniazida. Su absorción es excelente tanto por vía oral como intravenosa y tiene una buena difusión tisular, incluso al LCR. La eliminación de rifampicina produce una coloración anaranjada de la orina y de otros líquidos corporales que sirve para saber si el paciente está tomando o no medicación. Actúa bloqueando la síntesis de RNA inhibiendo la RNApolimerasa. Generalmente, el fármaco se tolera bien, aunque los pacientes con hepatopatía crónica, en especial alcohólica, y los ancianos corren mayor riesgo de hepatotoxicidad. Otros efectos adversos, aunque raros, son la aparición de un síndrome seudogripal, principalmente si se administran dosis muy altas de rifampicina, y el desarrollo de trastornos digestivos inespecíficos, reacciones cutáneas, anemia hemolítica e insuficiencia renal por nefritis intersticial. La rifampicina es un potente inductor enzimático de las enzimas microsómicas hepáticas, por lo que disminuye la semivida de gran número de fármacos, como la digoxina, los dicumarínicos, los corticoides, el propranolol, la ciclosporina, los anticonceptivos orales, etc. Pirazinamida. Se trata de un fármaco bactericida, derivado del ácido nicotínico, con una absorción y distribución excelente por todo el organismo. El fármaco se hidroliza en el hígado a ácido pirazinoico, que se considera que es la forma activa del fármaco. El mecanismo de acción de la pirazinamida se cree que es similar al de la isoniazida. Se considera primariamente eficaz frente a las micobacterias localizadas dentro de los macrófagos, ya que es activa sólo a pH ácido. Su mecanismo íntimo de acción se desconoce. La pirazinamida es hepatotóxica a dosis altas, pero a las dosis actualmente recomendadas su hepatotoxicidad es la misma que la de isoniazida o rifampicina. El efecto secundario más común es la hiperuricemia. Con cierta frecuencia se producen dolores articulares, pero no están relacionados con la hiperuricemia y sólo excepcionalmente se llegan a producir ataques de gota. Etambutol. Es un derivado de la etilendiamina, cuyo mecanismo de acción se desconoce. El fármaco es hidrosoluble y se absorbe bien por vía digestiva. Su efecto adverso más grave es el desarrollo de neuritis óptica, que es dependiente de la dosis y se manifiesta por una pérdida de la visión con aparición de un escotoma central y pérdida de la capacidad para discriminar los colores. Los síntomas suelen presentarse varios meses después de iniciar el tratamiento, pero también pueden ser precoces. La lesión es generalmente reversible, aunque de forma muy lenta. Estreptomicina. Es un aminoglucósido con capacidad bactericida frente a M. tuberculosis y barato, pero tiene el inconveniente de que sólo puede emplearse por vía intramuscular y que tiene una importante toxicidad. Sólo es eficaz frente a microorganismos extracelulares y tiene el inconveniente de que no difunde al LCR. Actúa inhibiendo la síntesis de proteínas a nivel ribosómico. Hasta un 10-20 % de los pacientes pueden desarrollar ototoxicidad o nefrotoxicidad.

Tuberculosis FÁRMACOS DE SEGUNDA LÍNEA. Ácido paraaminosalicílico. En la actualidad está raramente indicado debido a su baja actividad antituberculosa. Por otro lado, produce graves efectos secundarios gastrointestinales y hepatitis de forma ocasional y, aunque se absorbe bien y tiene una buena distribución tisular, alcanza bajas concentraciones en LCR. Etionamida. Es también un derivado del ácido isonicotínico, como la isoniazida y la pirazinamida. Es bacteriostático y produce una gran intolerancia gastrointestinal, así como reacciones neurológicas importantes, hepatitis reversible, reacciones de hipersensibilidad e hipotiroidismo. Su absorción es buena y alcanza niveles aceptables en LCR. La protionamida, un fármaco relacionado, se tolera mejor que la etionamida. Cicloserina. Aunque su absorción por vía oral es excelente y alcanza buenas concentraciones tisulares, produce efectos adversos tan graves (psicosis con tendencias suicidas, convulsiones, neuropatía periférica, toxicidad renal) que su uso raras veces está indicado. Capreomicina. Es un antibiótico polipeptídico similar a la estreptomicina en cuanto a dosis, mecanismo de acción, farmacología y toxicidad, aunque no presenta resistencia cruzada con la estreptomicina. Kanamicina y amikacina. Son aminoglucósidos con una acción similar a la de la estreptomicina. La kanamicina no se utiliza por su mayor ototoxicidad. La amikacina tiene la ventaja, con respecto a la estreptomicina, que puede usarse por vía intravenosa y con monitorización de sus concentraciones séricas. Tiacetazona. Se emplea junto a la isoniazida en países subdesarrollados por su bajo coste. Estructuralmente está relacionada con la isoniazida, pero es más tóxica y sólo bacteriostática.

Tuberculosis FÁRMACOS MÁS RECIENTES O DE TERCERA LÍNEA. Desde 1970, año en que se descubrió la rifampicina, no se ha producido ningún avance terapéutico destacable en el tratamiento de la tuberculosis. Sin embargo, es absolutamente necesario el desarrollo de fármacos alternativos con poca toxicidad que puedan emplearse cuando se produce hepatotoxicidad grave debida a los fármacos convencionales o frente a cepas multirresistentes de M. tuberculosis. En los últimos años se han empezado a utilizar nuevos fármacos en el tratamiento de la tuberculosis. Algunos de los más importantes se señalan a continuación. Rifabutina. Es un derivado de la rifamicina relacionada con la rifampicina. Su acción frente a M. tuberculosis es bactericida. Aunque alcanza concentraciones séricas mucho menores que la rifampicina, tiene una semivida mucho mayor. La mayoría de las cepas resistentes a la rifampicina lo son también a la rifabutina. Quinolonas. Tanto el ciprofloxacino, como el ofloxacino y el esparfloxacino han demostrado ser bactericidas in vitro frente a M. tuberculosis. Las fluorquinolonas son fármacos muy seguros que se absorben y se distribuyen bien por el organismo. La experiencia clínica preliminar alienta el uso de estos antibióticos junto a otros fármacos en el tratamiento de la tuberculosis.

Fármacos utilizados en el tratamiento de la tuberculosis DOSIS USUAL DIARIA FÁRMACO EN ADULTOS EFECTOS SECUNDARIOS Primera línea Isoniazida 300 mg Hepatitis, neuropatía periférica Rifampicina 600 mg Hepatitis, síndrome seudogripal Estreptomicina 1.000 mg Ototoxicidad, nefrotoxicidad Pirazinamida 1.500-2.000 mg Hepatitis, hiperuricemia Etambutol 1.200 mg Neuritis óptica Segunda línea Etionamida 1.000 mg Hepatitis Cicloserina 1.000 mg Trastornos psiquiátricos Tiocetazona 150 mg Dermatitis exfoliativa, hepatitis Kanamicina 1.000 mg Ototoxicidad, nefrotoxicidad Capreomicina 1.000 mg Ototoxicidad, nefrotoxicidad

Tuberculosis PAUTAS TERAPÉUTICAS. Las pautas de tratamiento actual de la tuberculosis pueden dividirse según su duración en largas o cortas. Pautas largas. La pauta más habitual de tratamiento ha sido la administración diaria de isoniazida y rifampicina durante 9-12 meses. Con esta pauta suelen alcanzarse tasas de curación del 99 %. Puede añadirse etambutol o estreptomicina durante los 2 primeros meses hasta disponer de las pruebas de sensibilidad. El tratamiento diario con isoniazida y etambutol durante 18 meses tiene una eficacia muy similar en pacientes con formas limitadas de tuberculosis. El mayor problema de los tratamientos prolongados es su escaso grado de cumplimiento por el paciente, lo cual conduce no sólo al fallo terapéutico, sino también a la aparición de resistencias. Por este motivo se ha intentado que los tratamientos sean lo más cortos posibles. Pautas cortas. Todas ellas constan de dos fases: un período inicial de 2 meses en el que se realiza un tratamiento convencional con 3 o 4 fármacos (isoniazida, rifampicina, pirazinamida y estreptomicina o etambutol), que se completa posteriormente con una fase de consolidación con isoniazida y por lo general rifampicina durante 4-6 meses más. Pueden emplearse también regímenes con dosis semanales o bisemanales usando dosis altas de antituberculosos. La respuesta clínica al tratamiento suele ser evidente al cabo de 2-3 semanas en la mayoría de los pacientes, si bien es posible que la mejoría radiológica se observe mucho más tarde. El tratamiento debería prolongarse hasta que el paciente deje de ser bacilífero y los cultivos se hayan negativizado, con independencia de que esto implique una prolongación del tratamiento planeado inicialmente.

Situaciones especiales. En ocasiones, el tratamiento puede verse dificultado por la situación o enfermedad de base. En los pacientes con SIDA u otro tipo de inmunodepresión grave deberían emplearse siempre 4 fármacos en el tratamiento inicial. La respuesta en estos enfermos suele ser similar a la del resto de la población, pero presentan reacciones adversas con mayor frecuencia. La mayoría de los fármacos antituberculosos son seguros en el embarazo. El curso de la tuberculosis en la embarazada puede ser especialmente grave y no debería diferirse su tratamiento. En pacientes con insuficiencia renal crónica no es necesario modificar la mayoría de los fármacos antituberculosos, aunque algunas de ellos se dializan y debe repetirse su administración tras la diálisis. Los pacientes con insuficiencia hepática no parecen correr un mayor riesgo de toxicidad por isoniazida, aunque si la toxicidad se produce, puede tener graves consecuencias. La rifampicina puede ser especialmente peligrosa en estos casos. En caso de toxicidad grave hepática, deben suprimirse todos los fármacos potencialmente hepatotóxicos (isoniazida, rifampicina, pirazinamida), a veces de forma definitiva. El etambutol, la estreptomicina y las quinolonas pueden ser alternativas terapéuticas en estos casos difíciles.

Tuberculosis Resistencias. Las recidivas tras el tratamiento deberían ser menores del 1 % y siempre deben sugerir la existencia de resistencias. Las resistencias se dividen en primarias, si aparecen en individuos que nunca han recibido tratamiento antituberculoso, y secundarias, cuando aparecen como consecuencia de un tratamiento previo. Recientemente se han descubierto las bases genéticas de la resistencia a la isoniazida. La resistencia a la isoniazida se asocia en algunas cepas con una reducción en la producciónde catalasa y peroxidasa que es debida a una deleción en un aminoácido en el gen kat G que codifica la producción de la enzima peroxidasa. No obstante, éste no parece ser el único mecanismo por el que M. tuberculosis se hace resistente a la isoniazida; existen otros mecanismos no relacionados con la producción de catalasa que empiezan ahora a conocerse. La resistencia a la rifampicina se produce como resultado de una mutación que afecta un residuo de serina en el gen rpo B que codifica la subunidad b de la RNA-polimerasa. La resistencia primaria a isoniazida y rifampicina en nuestro país es muy baja (globalmente menor del 6 %), pero la resistencia secundaria es relativamente corriente y oscila entre el 28 % para el etambutol, el 46 % para la rifampicina y el 48 % para la isoniazida. Siempre que aparezca resistencia a un fármaco, deben añadirse al tratamiento al menos otros dos nuevos, si es posible, bactericidas, y suelen ser necesarios tratamientos mas prolongados de lo habitual. La aparición cada vez más frecuente de cepas multirresistentes supone un enorme riesgo epidemiológico y un difícil reto terapéutico.


 

 

 

 
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