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La hepatitis B es una enfermedad del hígado causada por el virus de la hepatitis B (VHB). La hepatitis hace que el hígado se inflame y deje de funcionar correctamente.

Puede causar una infección aguda y persistir en la sangre toda la vida, causando cirrosis (pérdida de "arquitectura" hepática por cicatrización y surgimiento de nódulos de regeneración) del hígado, cáncer del hígado, insuficiencia hepática y la muerte.

Los seres humanos necesitan que su hígado esté sano. Este órgano desempeña muchas funciones para mantenerlos vivos. El hígado combate las infecciones y detiene las hemorragias.

Elimina medicamentos, drogas y otras sustancias tóxicas del torrente sanguíneo. También almacena energía que puede usarse en caso necesario.

 
 
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Causas y factores de riesgo

La hepatitis B se transmite por vía sanguínea y otros fluidos corporales y la infección se puede presentar a través de:

Hepatitis B Contacto con sangre en escenarios de atención médica, lo cual pone en riesgo a médicos, enfermeras, odontólogos y otros miembros del personal médico
Hepatitis B Relaciones sexuales sin precaución con una persona infectada
Hepatitis B Transfusiones de sangre
Hepatitis B Compartir agujas cuando se hace uso de drogas
Hepatitis B Someterse a tatuajes o acupuntura con instrumentos contaminados
Hepatitis B En el momento de nacer, una madre infectada puede transmitirle el virus al bebé en el momento del parto o inmediatamente después de éste

Las personas que se encuentran en mayor riesgo, incluyendo personas que vivan con alguien que tenga hepatitis B y los trabajadores de la salud, deben recibir la vacuna contra la hepatitis B.

La hepatitis aguda toma de uno a seis meses desde el momento de la infección hasta que los síntomas aparecen. Los primeros síntomas pueden ser, entre otros, náuseas, vómitos, pérdida del apetito, fatiga, dolores musculares y articulatorios. Luego se presenta ictericia junto con orina oscura y heces blandas. Alrededor de un 1% de los pacientes infectados con hepatitis B muere debido al daño hepático en esta etapa temprana.

 

El riesgo de llegar a infectarse de manera crónica depende de la edad de la persona en el momento de la infección: más del 90% de los recién nacidos, alrededor del 50% de los niños y menos del 5% de los adultos infectados con hepatitis B desarrollan la hepatitis crónica.

La mayor parte del daño del virus de la hepatitis B es causado por la respuesta del cuerpo a la infección. La respuesta inmune del cuerpo contra las células hepáticas infectadas (hepatocitos) daña las células, provocando la inflamación del hígado (hepatitis). Como resultado de esto, las enzimas hepáticas (transaminasas) se filtran del hígado a la sangre, haciendo que se eleven los niveles sanguíneos de éstas. El virus deteriora la capacidad del hígado para producir el factor de coagulación protrombina, aumentado el tiempo que requiere la sangre para coagularse (tiempo de protrombina).

El daño hepático también deteriora la capacidad del cuerpo para eliminar la bilirrubina (un producto de la degradación de los glóbulos rojos viejos), causando ictericia (coloración amarillenta de los ojos y el cuerpo) y orina oscura.

Síntomas

Muchas personas no tienen síntomas. Algunas personas pueden tener hepatitis B sin tener ningún síntoma y luego volverse inmunes (lo cual significa que están protegidas contra infecciones futuras por hepatitis B). Algunas personas pueden tener síntomas que desaparecen y luego volverse inmunes. Otras contraen el virus y nunca se vuelven inmunes. Estas personas son portadoras y pueden continuar transmitiendo el virus a otros, aun años después. Si una persona tiene síntomas, éstos pueden tardar entre 6 semanas y 6 meses en aparecer después de la infección con hepatitis B. Muchas personas con hepatitis B tienen síntomas parecidos a los de la gripe. Los síntomas pueden incluir:

Hepatitis B Cansancio, falta de energía
Hepatitis B Pérdida del apetito y de peso
Hepatitis B Fiebre
Hepatitis B Tono amarillento de la piel o los ojos (ictericia)
Hepatitis B Dolor muscular o de articulaciones
Hepatitis B Dolor de estómago
Hepatitis B Náusea, vómitos
Hepatitis B Diarrea
Hepatitis B Orina de color oscuro
Hepatitis B Evacuaciones (movimientos intestinales) de color claro
Hepatitis B Hígado hinchado y sensible al tacto (el proveedor de cuidados de salud lo detecta durante el examen médico)

Tratamiento

La Hepatitis B presenta en el transcurso de su evolución diferentes alternativas:

Hepatitis B Hepatitis Viral Aguda (desde la aparición de los síntomas hasta los 6 meses, en un 90% de los casos se cura)

Hepatitis B Hepatitis Crónica (10% de casos)

Para la primera no hay tratamiento específico más allá del puramente sintomático en cuanto a dieta, reposo y ejercicio.

El tratamiento de la hepatitis B crónica puede consistir en:

Hepatitis B Es muy importante no realizar esfuerzos físicos mayores como levantar pesos, correr, caminar durante mucho tiempo o verse afectado por situaciones de estrés.
Hepatitis B Una dieta basada en alimentos que no contengan grasas animales, sin carnes rojas, sin alimentos fritos y condimentados, preferiblemente no consumir ningún tipo de carnes ni granos como el maíz y caraotas que suelen ser pesados para digerir. Suele recomendarse comer poco y, sobre todo, frutas, alimentos ricos en glucosa, se ha comprobado que el dulce de tamarindo (nunca en ayuna, podría conllevar a una gastritis) y alcachofas al vapor suele ser beneficioso.
Hepatitis B Un medicamento llamado interferón. Se aplica mediante inyección. A la mayoría de la gente se le da tratamiento durante cuatro meses.
Hepatitis B Un medicamento llamado laminvudina. Se toma oralmente una vez por día. Generalmente el tratamiento dura un año.
Hepatitis B Un medicamento llamado adefovir dipivoxil. Se toma oralmente una vez por día. Generalmente el tratamiento dura un año.
Hepatitis B Cirugía. Con el transcurso del tiempo, la hepatitis B puede hacer que su hígado deje de funcionar. Si eso sucede, usted necesitará un nuevo hígado. La operación se llama trasplante de hígado. Consiste en quitar el hígado propio lesionado y sustituirlo con otro hígado sano proveniente de un donante.

Prevención

El tamizaje de toda la sangre donada ha reducido la probabilidad de contraer hepatitis B en una transfusión de sangre. Como parte del tamizaje inicial, a los donantes de sangre ahora se les pide llenar un cuestionario acerca de sus actividades sexuales y el consumo de drogas y no se utiliza la sangre de aquellos grupos de personas que se encuentran en alto riesgo. Además, se utilizan pruebas serológicas para examinar la sangre recolectada para el virus de la hepatitis B.

La notificación obligatoria de esta enfermedad permite a los trabajadores de la salud del estado hacer un seguimiento a las personas que han estado expuestas y vacunar a los contactos que aún no han desarrollado la enfermedad. Anteriormente, la vacuna contra la hepatitis B se elaboraba a partir de productos sanguíneos humanos, por lo cual no era bien recibida por el público; mientras que la nueva vacuna contra la hepatitis B es completamente artificial, sin ningún producto humano y, por lo tanto, no puede transmitir el virus de la hepatitis B ni el virus del SIDA. Esta vacuna no sólo es segura sino efectiva y se requiere administrar tres dosis dentro de un período de seis meses para lograr la inmunidad total. La vacunación de los bebés se ha vuelto rutinaria en los cuidados pediátricos en los Estados Unidos.

Se debe evitar el contacto sexual con una persona que padezca hepatitis B crónica o aguda. El uso sistemático y apropiado de condones también puede reducir la transmisión a través del contacto sexual; sin embargo, la vacunación brinda la única y definitiva protección contra el virus. La vacunación de las personas que se encuentran en alto riesgo ha tenido sólo un éxito limitado; por lo tanto, el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos (United States Public Health Service) ha recomendado la vacunación universal de todos los neonatos y adolescentes antes de la pubertad.

Los bebés nacidos de madres que en el momento tengan hepatitis B aguda o hayan tenido la infección reciben una serie de vacunas especiales para prevenir la transmisión viral. Esto incluye la administración de inmunoglobulina contra hepatitis B y vacunación contra la hepatitis B en las 12 horas posteriores al nacimiento.

Transmisión

La hepatitis B puede vivir en todos los líquidos del cuerpo, pero se transmite principalmente a través de la sangre, el semen y los líquidos vaginales. El virus también puede vivir en líquidos del cuerpo como la saliva, las lágrimas y la leche materna. Es posible infectarse de las siguientes maneras:

Hepatitis B Teniendo relaciones sexuales (por vía vaginal, anal u oral) con una persona infectada
Hepatitis B Compartiendo artículos personales como hojas de afeitar, cepillos de dientes y cortaúñas con una persona infectada
Hepatitis B Compartiendo agujas para inyectarse drogas con una persona infectada
Hepatitis B Usando agujas o equipo no estéril para hacerse tatuajes, perforarse los oídos para ponerse aretes, o aplicar acupuntura
Hepatitis B Una madre infectada con hepatitis B también puede pasarle el virus a su bebé durante el parto.

Diagnostico

Para comprobar si alguien padece o no hepatitis el médico puede realizar dos tipos de pruebas:

Hepatitis B Análisis de sangre, o hematológico (se extrae sangre con una jeringuilla); - Mediante biopsia, una prueba sencilla que consiste en extraer un pequeño pedazo de hígado, para analizar los tejidos al microscopio y comprobar si están o no dañados. Las alteraciones más constantes son el aumento de la bilirrubina en sangre y el aumento de la actividad de las transaminasas (enzimas hepáticos, conocidos por sus iniciales ALT o GPT y AST o GOT). Se hallan entre 20 y 40 veces más elevadas de los valores normales. Estas pruebas no sólo explican si se tiene hepatitis, sino que también determinan de qué tipo, A, B o C y la gravedad de la enfermedad. El diagnóstico se confirma por la demostración de anticuerpos contra el virus de la hepatitis en el suero de los pacientes con la forma aguda o que en fecha reciente estuvieron enfermos.

Los virus y los anticuerpos se detectan por una prueba radioinmunoensayo (se venden kits de pruebas para la detección de anticuerpos contra el virus). Otros exámenes de sangre, tales como los de la función hepática, o los enzimogramas hepáticos, pueden sugerir un daño hepático que puede ser causado por algún virus de la hepatitis. La biopsia de hígado, y la laparoscopia sirven para determinar con certeza el grado de daño hepático en el individuo que es positivo para anticuerpos de la hepatitis.

 
 
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