La diarrea, al igual que el estreñimiento, no es una enfermedad en sí, sino un síntoma de un trastorno cuya gravedad depende de la causa que lo origine.
Su principal característica es la evacuación frecuente de heces acuosas, lo cual provoca una baja absorción de líquidos y nutrientes, pudiendo estar acompañada de dolor, fiebre, náuseas, vómito, debilidad o pérdida del apetito. De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud, la diarrea es una de las principales causas de muerte en los países del Tercer mundo.
La diarrea además de interpretarse como una manifestación de alguna enfermedad, puede entenderse como un mecanismo de defensa corporal por medio del cual el cuerpo humano aumenta el número de evacuaciones para tratar de "desembarazarse" de algo que lo molesta y de esa manera disminuir las consecuencias que pudiera ocasionar.
En ocasiones los efectos son muy importantes o los mecanismos de defensa se exageran, y las pérdidas de líquido que sufre el niño lo llevan a la deshidratación es decir, a un desbalance entre la cantidad de líquidos que ingiere y la cantidad de líquidos que elimina por las heces.
La definición médica de la diarrea es el aumento de la cantidad de heces a más de 200 g / 24 h. El paciente lo percibe como una disminución en la consistencia de las heces que causa urgencia o molestia abdominal.
Síntomas
La diarrea se caracteriza por la evacuación frecuente de heces acuosas, sin formar, lo que provoca una escasa absorción de agua y elementos nutrientes. Puede ir o no acompañada de dolor, debilidad, náuseas, vómitos, espasmos abdominales (retortijones), fiebre o pérdida de apetito.
La diarrea puede ser aguda o crónica. La primera, de aparición repentina, suele durar uno o dos días, lo mismo con tratamiento que sin él. La segunda puede prolongarse durante bastante tiempo, suele ser resultado de muchos factores y a veces es síntoma de un trastorno más importante.
El trastorno puede tener su origen en la dieta, toxiinfecciones alimentarias, infecciones, medicamentos, enfermedades crónicas, stress emocional, etc.
Si la diarrea se debe a un trastorno fisiológico se puede corregir en gran medida y hasta evitarse con una alimentación correcta.
Medidas Generales
Reponer urgentemente (tomando caldo, zumos, refrescos, té, etc.) los líquidos y electrolitos, eliminados por las heces. Poco a poco incorporar comidas de fácil digestión, escasas y frecuentes, hasta volver a la dieta normal.
Si la diarrea es moderada, el agua y las sales perdidas se pueden reponer alternando a lo largo del día sorbos de las bebidas siguientes:
Un vaso de zumo de naranja o de manzana con media cucharadita de miel y una pizca de sal.
Otro vaso con agua hervida y un cuarto de cucharadita de bicarbonato sódico.
Tratamiento
-Rehidratación:
Para reponer los volúmenes de líquido y minerales que el niño pierde con cada evacuación, se utilizan los sueros de rehidratación. La composición de estos sueros resulta adecuada para reponer las pérdidas, sin aumentar la carga sobre el intestino y podrán ser administrados a razón de dos onzas por cada evacuación diarreica.
-Alimentación:
Existen muchos mitos erróneos relativos a la alimentación del niño con diarrea, como por ejemplo que el agua de arroz la evita o que hay que eliminar la leche, manteniéndolo únicamente con sueros. Lo cierto es que no debe suspender la lactancia y habrá que alimentarlo con su dieta normal.
-Fermentos Lácticos:
La administración de Lactobacilos acidófilos vivos de origen humano disminuye la frecuencia de la diarrea y acorta la duración de la enfermedad aguda, en especial cuando la infección es producida por Rotavirus. Estos fermentos se podrán administrar a razón de un sobre, mezclado con un poco de agua o de jugos no azucarados, dos veces al día, mientras dure la diarrea.
Una vez que se conozca la causa de la diarrea, se deberá iniciar el tratamiento apropiado para eliminarla, sin embargo, habrá que consultar al pediatra antes de suministrar cualquier medicamento. Las diarreas virales no requieren tratamiento específico alguno, solamente las medidas generales, en cambio, las infecciones bacterianas mejorarán rápidamente con tratamiento a base de antibióticos. Los casos de infestación parasitaria se tratan con medicamentos antiparasitarios.
En el caso que el paciente sea un niño:
Si su niño recibe leche materna no suspenda la lactancia ya que la leche materna contiene anticuerpos y sustancias antimicrobianas que contribuyen a que el niño se recupere más rápidamente.
Puede seguir ofreciéndole la misma fórmula láctea que recibía antes de enfermar.
Procure no ofrecerle alimentos que contengan azúcares, incluyendo gelatinas comerciales, refrescos, gatorade o "chucherías".
Suministre el suero de rehidratación tal como viene preparado, sin agregarle azúcar ni otros ingredientes.
Ofrezca al niño dos onzas de suero después de cada evacuación.
En las diarreas de larga evolución, especialmente cuando exista intolerancia al azúcar de la leche, se le podrá ofrecer fórmulas lácteas sin lactosa.
Los casos debidos a intolerancia a la lactosa mejorarán cambiando a una fórmula sin lactosa y los debidos a intolerancia a la proteína de la leche de vaca se podrán beneficiar del cambio a una fórmula a base de Soya. Estas fórmulas deberán prepararse siguiendo las instrucciones impresas en sus respectivas latas.
Consultar a un médico
Si los síntomas no remiten en un periodo breve de tiempo (48 h) o hay fiebre alta, dolor abdominal agudo, heces sanguinolentas o malestar intenso.
En casos de vómitos constantes que impidan una correcta rehidratación oral.
En casos de diarrea crónica.
En casos de diarrea aguda grave.
En diarrea de niños menores de tres años, por el mayor peligro de deshidratación.
En pacientes con historia de enfermedad crónica, como asma, úlcera péptica, enfermedad cardiaca o diabetes