El dolor se puede sentir sólo en una parte del cuerpo o irradiarse desde el pecho hasta los brazos o los hombros, el cuello, los dientes, la mandíbula, el área abdominal o la espalda.
El dolor puede ser intenso o leve y se puede sentir como:
Presión aplastante o fuerte
Una banda apretada alrededor del pecho
Algo pesado posado sobre el pecho
Mala indigestión
El dolor generalmente dura más de 20 minutos y no se alivia por completo con el reposo o con un medicamento llamado nitroglicerina.
Otros síntomas de un ataque cardíaco pueden ser:
Dificultad para respirar
Náuseas o vómitos
Ansiedad
Tos
Desmayos
Mareo, vértigo
Palpitaciones (sensación de que el corazón está latiendo demasiado rápido)
Sudoración que puede ser profusa
Tratamiento
Si una persona tiene un ataque cardíaco, necesitará permanecer en el hospital, posiblemente en la unidad de cuidados intensivos (UCI). La persona estará conectada a una máquina de ECG, de tal manera que el equipo médico pueda observar cómo está latiendo el corazón. Las arritmias (latidos irregulares) potencialmente mortales son la principal causa de muerte durante las primeras horas de un ataque cardíaco.
El equipo médico le suministrará oxígeno al paciente, incluso si los niveles de este elemento en la sangre son normales. Esto se hace para que los tejidos del organismo tengan fácil acceso al oxígeno, de manera que el corazón no tenga que trabajar tan duro.
Asimismo, se coloca una vía intravenosa en una de las arterias y a través de ésta se inyectan medicamentos y líquidos. Es posible que se necesite una sonda insertada en la vejiga (catéter urinario), de manera que los médicos puedan observar qué tanto líquido está eliminando el cuerpo.
TERAPIA TROMBOLÍTICA:
Dependiendo de los resultados del ECG, a ciertos pacientes se les puede administrar anticoagulantes dentro de las primeras 12 horas desde que sintieron por primera vez el dolor en el pecho. Esto se denomina terapia trombolítica y el medicamento se administra a través de una vía intravenosa. Los anticoagulantes que se toman por vía oral se pueden prescribir posteriormente para prevenir la formación de coágulos.
La terapia trombolítica no es apropiada para personas que han tenido:
Sangrado dentro de la cabeza (hemorragia intracraneal)
Anomalías cerebrales tales como tumores o malformaciones vasculares
Accidente cerebrovascular en los últimos 3 meses (o posiblemente más)
Traumatismo craneal en los últimos 3 meses
La terapia trombolítica es extremadamente peligrosa en mujeres que estén embarazadas o personas que hayan tenido:
Presión arterial extremadamente alta
Una cirugía o un traumatismo mayor durante las últimas 3 semanas
Sangrado interno durante las últimas 2-4 semanas
Úlcera péptica
Antecedentes de usar anticoagulantes como Coumadin
MEDICAMENTOS PARA LOS ATAQUES CARDÍACOS:
Muchos medicamentos diferentes se utilizan para tratar y prevenir ataques cardíacos. La nitroglicerina ayuda a reducir el dolor en el pecho. El paciente también puede recibir medicamentos fuertes para aliviar el dolor.
Los medicamentos antiplaquetarios ayudan a prevenir la formación de coágulos. Ejemplos de estos medicamentos son la aspirina y el clopidogrel (Plavix).
Los beta-bloqueadores (como metoprolol, atenolol y propranolol) ayudan a reducir la tensión sobre el corazón y a bajar la presión arterial.
Los inhibidores ECA (IECA), como ramipril, lisinopril, enalapril o captopril, se utilizan para prevenir la insuficiencia cardíaca y bajar la presión arterial.
CIRUGÍA Y OTROS PROCEDIMIENTOS:
Puede ser necesario un procedimiento, llamado angioplastia, para abrir las arterias coronarias obstruidas y se puede utilizar en lugar de la terapia trombolítica. La angioplastia con stent puede ser un procedimiento que le salve la vida a la persona en caso de estar experimentando un ataque cardíaco. Sin embargo, para personas con cardiopatía coronaria, estudios recientes muestran que el medicamento y la angioplastia con stent tienen iguales beneficios. La angioplastia con stent no ayuda a que la persona viva por más tiempo, pero puede reducir la angina u otros síntomas de cardiopatía coronaria.
En algunos casos, puede ser necesaria una cirugía de revascularización miocárdica o injerto de derivación coronaria (IDAC) de emergencia.
Diagnostico
Monitorización electrocardiográfica: Constituye un elemento fundamental para el diagnóstico del infarto agudo, porque, además, permite analizar su evolución. Al paciente se le mantiene controlado a través de un monitor de electrocardiograma durante todo el tiempo que permanece en la unidad coronaria del hospital. Es una representación gráfica de las fuerzas eléctricas que trabajan sobre el corazón. Durante el ciclo cardíaco de bombeo y llenado, un patrón de pulsos eléctricos cambiantes refleja exactamente la acción del corazón. Es indoloro y suele hacerse con el paciente estirado y tranquilo, excepto cuando se realiza durante una prueba de esfuerzo. Sólo detecta alteraciones en el momento en que se produce el dolor. Con posterioridad, se emplea únicamente para confirmar o descartar si se ha producido daño en el corazón.
Análisis de sangre: El dato que puede obtenerse a través del análisis en laboratorio verdaderamente relevante para realizar un diagnóstico es el aumento de la actividad sérica de determinadas enzimas, que se liberan dentro del torrente sanguíneo a causa de la necrosis que se está produciendo. Para dar éste último con seguridad, los valores enzimáticos se toman por series durante los 3 primeros días. Los valores máximos de estas enzimas presentan una correlación discreta con la extensión de la necrosis, aunque también se deben tener en cuenta otros factores que influyen en su grado de actividad. En definitiva, se trata de un cálculo de valores complejo. Por otra parte, también se obtienen parámetros interesantes para el pronóstico, como el nivel de colesterol, los niveles de azúcar (la diabetes aumenta el riesgo de cardiopatía) y de hormonas tiroideas (una tiroides hiperactiva puede producir anomalías cardiacas).
Prueba de esfuerzo: Se puede hacer sobre una bicicleta estática o una cinta rodante. Se colocan electrodos en el cuerpo (para el registro del electrocardiograma) y un manguito de tensión; el paciente pedalea o anda por la cinta rodante. El médico que supervisa la prueba observa mientras tanto los cambios de tensión arterial, pulso y trazados del electrocardiograma. La prueba se completa en media hora (se abandona si aparecen cambios que sugieran enfermedad en los parámetros observados, o si el paciente no la tolera físicamente por agotamiento o por dificultad para respirar).
Los estudios isotópicos asociados a la prueba de esfuerzo consisten en el estudio del corazón con isótopo: Consiste en inyectar una pequeña dosis de isótopo radiactivo en la vena durante la prueba de ejercicio en cinta rodante. Un dispositivo especial registra una serie de imágenes de las localizaciones del isótopo en el corazón (las áreas oscuras indican partes del corazón donde no llega bien el flujo de sangre). Sin embargo, no dan información sobre la arteria bloqueada en concreto. Existen diferentes modalidades de exploración isotópica: la escintigrafía, que aumenta la sensibilidad y la especificidad de la prueba de esfuerzo en varones; la ventriculografía, que permite determinar con gran rapidez los volúmenes ventriculares y detectar zonas de movilidad anormal a causa de la isquemia, muy útiles de cara al pronóstico; y la gammagrafía, que puede detectar defectos en la expansión o contracción de la pared del corazón, señal de que las arterias no transportan la suficiente cantidad de sangre oxigenada a la zona.
Cateterismo cardíaco y coronariografía: Es la técnica más adecuada para determinar la posible presencia y extensión de cardiopatía isquémica. La coronariografía permite determinar la localización y grado de obstrucción de las lesiones arteriales que puedan haberse producido. No puede realizarse cuando el paciente presenta trastornos de coagulación, insuficiencia cardiaca, disfunción ventricular, patologías que también impiden realizar cirugía cardiaca.
Prevención
Para prevenir un ataque cardíaco se debe:
Mantener la presión arterial, el azúcar en la sangre y el colesterol bajo control
No fumar
Pensar en tomar 1 ó 2 vasos de alcohol o vino al día, dado que las cantidades moderadas de alcohol pueden reducir el riesgo de problemas cardiovasculares. Sin embargo, beber cantidades mayores hace más daño que provecho.
Consumir una dieta rica en frutas y verduras y baja en grasa animal
Comer pescado dos veces a la semana. El pescado horneado o cocido a la parrilla es mejor que el pescado frito, ya que freírlo puede destruir algunos de los beneficios.
Hacer ejercicio a diario o varias veces por semana. Caminar es una buena forma de hacer ejercicio, pero antes de comenzar un ejercicio se debe consultar con el médico.
Bajar de peso en caso de tener sobrepeso
Si la persona tiene uno o más factores de riesgo para la enfermedad cardíaca, debe hablar con el médico acerca de la posibilidad de tomar aspirina para ayudar a prevenir un ataque cardíaco. Se puede prescribir la terapia con aspirina (dosis de 75 a 325 mg al día) o un medicamento llamado clopidogrel para mujeres en alto riesgo de sufrir cardiopatía. La terapia con aspirina se recomienda para mujeres de 65 años o más para prevenir ataques cardíacos y accidente cerebrovascular, en tanto se controle la presión arterial y el beneficio probablemente supere el riesgo de efectos secundarios gastrointestinales. El uso regular de aspirina no se recomienda para mujeres sanas menores de 65 años con el fin de prevenir ataques cardíacos.
Las nuevas pautas ya no recomiendan la terapia de reemplazo hormonal, las vitaminas E o C, los antioxidantes o el ácido fólico para prevenir cardiopatías.
Después de un ataque cardíaco, una persona necesita cuidados de control regulares para reducir el riesgo de un segundo ataque cardíaco. Con frecuencia, se recomienda un programa de rehabilitación cardíaca para ayudar a la persona a retornar gradualmente a su estilo de vida normal. Siempre se debe seguir el plan de ejercicios, dieta y medicamentos recetado por el médico.
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